El espíritu del 45.


“Una sociedad es civilizada cuando los ciudadanos no se humillan entre sí y las instituciones no humillan a los ciudadanos”.

Avishai Margalit, La sociedad decente, 1997

elespritudel190009Todo ciclo de cine social merece una parada en el director británico Ken Loach. Controvertido cineasta-político, exhibe su compromiso de izquierdas en la pantalla como una herramienta para la denuncia social y el cambio que apunta siempre arriba, a los directores de la orquesta de este mundo donde bailamos ciegos. Los detractores del director de “Lloviendo piedras” (1993) o “El viento que agita la cebada”, Palma de Oro 2006 a la Mejor Película, le acusan de excesivo partidismo panfletario, con poco espacio para la elección intelectual  del espectador. Podría ser, pero su apuesta es otra: compensar la gran propaganda del sistema que nos socializa iguales, dando voz e imagen a los “efectos colaterales” de una economía total que devora a quien difiere.

 “El espíritu del 45” (2013) es una mirada nostálgica, no conformista, a la movilización histórica de un país en lucha por su dignidad, la que permitió, tras las cenizas de la guerra, la gran victoria del Partido Laborista inglés en 1945 y, nada menos, que el nacimiento y desarrollo del estado de bienestar hasta su defunción neoliberal.

Para ello retorna a sus orígenes de documentalista valiéndose de un impresionante fondo de imágenes de archivo combinado, en un continuo pasado-presente,  con la sobrecogedora memoria viva de quienes ayudaron a sembrar el gran árbol que les protegió y que ya no da sombra.

El espíritu del 45 tumbó a Winston  Churchill y encumbró un cambio de modelo económico y social.

El espíritu del 45 tumbó a Winston Churchill y encumbró un cambio de modelo económico y social.

Ancianos que nos cuentan emocionados cuál fue su fuerza creadora, la suma de cada uno de ellos reclamando, apasionados, como si les fuera la vida en ello, en mítines y plazas, sus intereses de clase. Una generación exigente y curtida  que aún sentía la pobreza absoluta vivida en los años treinta por los abusos de la minoría del poder político y económico causante de la Gran Crisis.  Ese fue el espíritu del 45, apostar por la radicalidad reformista desde el convencimiento de que era posible el cambio tras ganar una guerra y no perdonar a sus verdugos.

En un “crescendo” de vértigo se nos presenta la suma de éxitos de una política keynesiana de fuerte inversión pública como palanca para avanzar hacia el reparto del bienestar y la creación de demanda en la economía. El resultado mostrado  es abrumador e incuestionable; la universalidad de la sanidad pública y gratuita, la protección de la parte más débil de las relaciones laborales, la inversión en educación para garantizar ciudadanía, la creación del ferrocarril más seguro y eficiente que ha tenido nunca el Reino Unido, la planificación de barrios asequibles y dignos que cohesionan… Una feliz rueda de progreso que crece y crece hasta pararse abruptamente con la revolución conservadora de Margaret Thatcher y el neoliberalismo renacido.

Los niños de la guerra crecerán en barrios y viendas dignos

Los niños de la guerra crecerán en barrios y viendas dignos

El jarabe de Loach es especialmente amargo en este sur de Europa donde todo llega tarde, el progreso y la decadencia. El espejo en blanco y negro de la pantalla, con la Mano de Hierro forjando con violencia un país a la medida de unos pocos, devuelve nuestro presente condenado a las crisis globales del siglo XXI que nos igualan en pobreza sin haber sido ricos.  Medicina dolorosa, pero que despeja la mente, activa la memoria, y excita hasta hacer hervir la sangre.

Con palabras de Tzvetan Todorov (Los enemigos de la democracia, 2012), nos encaminamos a una posdemocracia del “totalitarismo de la indiferencia”. Loach, y los compañeros luchadores rescatados del silencio, nos recuerdan que en democracia los poderes crecen y abusan con el conformismo político y se acobardan con el cuestionamiento en las urnas y las calles de su absolutismo disimulado.

El triunfo del neoliberalismo alcanza nuestros días

El triunfo del neoliberalismo alcanza nuestros días

El espíritu del 45 vuelve a ser necesario porque el cuerpo social está enfermo, apocado, pesimista, pasivo ante la precariedad, ideologizado en el individualismo que nos enfrenta a todos. “Sin alternativa”, nos repiten como un mantra negativo, como una forma de imponer la prohibición de pensar. Hay que volver a creer en la política comunitaria como motor de cambio, ejemplos cívicos y efectivos en la historia no nos faltan. Hay que volver a exigir juntos y con rabia la “dignidad mínima común” perdida.

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