Kauwboy


 “Conócete a ti mismo y ajusta tu forma de ser a nuevas maneras” .  De la tragedia “Prometeo encadenado”, de Esquilo.

Kauwboy caratulaExiste un cine pequeño con mayúsculas, modesto en lo económico y brillante en su resultado; arte mayor sin grandes medios e invisible, oculto tras las grandes producciones que todo lo inundan. “Kauwboy” (2012), sorprendente ópera prima del holandés Boudewijn Koole, candidata al Oscar a la mejor película en habla no inglesa, es una de esas exclusivas joyas escondidas que apenas sobreviven en la gran ciudad.

“Kauwboy” significa literalmente “niño-pájaro”, un juego de palabras que condensa la singular historia de iniciación de Yoyo, un preadolescente especial, abandonado por un padre desbordado y una madre ausente; un nido vacío que el pequeño compensa cuidando de una cría de grajo, abandonada, tan vulnerable como él. 

Kawboy besoMientras el padre grita y maltrata la hierba por donde pisa, el hijo se esconde y juega a cuidar y a ser adulto. Así, aprende sobre las necesidades básicas  del pájaro, de su alimento, pero también de su protección, del calor y de la seguridad que permite crecer. Una historia mínima que condensa sabiduría, con el poder de la cercanía y la naturalidad como anzuelo, entrando suavemente, con dulce música y belleza formal, para una vez dentro de su universo, encontrar las verdades más profundas. 

Kauwboy rejaPelícula de dualidades, de sugerencias sutiles sin caminos marcados, de simbolismos y metáforas que van más allá de lo evidente. Así, la campiña holandesa, omnipresente,  preciosista, es cortada por la fealdad agresiva de autopistas y viaductos que el crecimiento sin fin impone. La vida del grajo, con sus impulsos biológicos sociales, programados, es contrapuesta al esfuerzo moral humano, a los límites que la razón ha de imponer para no destruir. En definitiva, la bipolaridad “naturaleza-cultura” o “niño-pájaro” es llevada con acierto al ámbito de la educación familiar y a sus directas consecuencias en el frágil equilibrio personal y social que compartimos. 

Kauwboy tiburon“Ecología”, del griego “oikos”, “casa o ámbito”: el lugar de todos en su sentido más amplio, un continente mayor a la especie humana, y no al revés. Recordando a Prometeo, vivimos en un sistema que se apodera del fuego de los dioses para dárselo a los hombres, creyéndose divinos. Aquí está la clave y el marco de este cuento singular: la conciencia del pequeño lugar que ocupamos en el mundo, tan modesto como el del pájaro, y el necesario  control de los impulsos de la Furia y de la Ira, hijas de todos los Egos. 

Una original fábula sobre los límites de la educación, sin edulcorantes ni aditivos, cercana a la vida, tan dura de ver como gratificante. Pocas veces el cine es sensible y respetuoso con la complejidad humana y sus aristas. Muchas menos transciende al entretenimiento, abriendo además la mente a través de la identificación y la emoción. La “pequeña” historia de “Kauwboy” sobradamente lo consigue.

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