4 meses, 3 semanas, 2 días


“Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad  sobre ti”. (Génesis 3:16)

CaratulaEn el barco europeo que nos lleva a la deriva, nuestros políticos son obedientes soldados del Gran Capitán Económico-Financiero. Ni ellos mismos lo discuten. Lo alarmante es que se añada a la pobreza y al miedo impuesto, un voluntario intento de cuestionar la libertad de la mujer y su derecho a decidir la maternidad. Un debate local, el del aborto, superado, innecesario, reaccionario hasta la ley de supuestos de 1985; un modelo social que, esta vez, no busca el moderno espejo alemán sino el fundamentalismo religioso.

La apuesta gubernamental es perversa por inoportuna, en un contexto de sufrimiento social que añade traumas y conflictos; una suerte de sadismo institucional de nuevo sobre las mujeres, eternas víctimas de los golpes de furia del tradicional patriarcado.

Pero no perdamos la memoria, que da sentido al presente; en palabras del filósofo Josep Ramoneda, vivimos en un autoritarismo post-democrático que cultiva la indiferencia y, añado, el olvido. Pensarnos más y atender al compromiso social nos cura.

Fotograma de "Más allá de las colinas" (2012)

Fotograma de “Más allá de las colinas” (2012)

La Filmoteca de Catalunya nos ha regalado una retrospectiva del  cineasta rumano Cristian Mungiu, sin duda, una buena vacuna contra la enfermedad de la sinrazón y la cultura del abuso. El conjunto de su obra es una obsesiva mirada al pasado, al régimen criminal de Ceausescu y a su jerarquía de humillaciones, donde la mujer es especialmente golpeada en la base de la pirámide comunista.

Mujeres, siempre protagonistas, que sueñan con emigrar para salvarse (“Occidente”, 2002) o que sustituyen la sumisión a la ortodoxia comunista que elimina al individuo por la religiosa (“Más allá de las colinas”, 2012). Cine sensible al mundo femenino que llega a su culminación con “4 meses, 3  semanas, 2 días” (2007), galardonada con más de treinta premios, destacando, la Palma de Oro a la Mejor Película del Festival de Cannes.

432 camaUn original y valiente drama que disecciona, sin concesiones,  la ejecución de un aborto clandestino bajo un estado policial. En un angustioso casi tiempo real, acompañamos a Gabita (Laura Basiliu) y a su amiga Otilia (Anamaria Marinca) en su preparación y ejecución durante una tarde y una noche que nunca olvidarán. De fondo, Bucarest, una ciudad gris oscura, donde prima la supervivencia y la escasez. Una comunidad basada en la desconfianza, el miedo a la autoridad y la denuncia del vecino; insoportable atmósfera de dictadura que ahoga con su aire sucio. Como se ahogan las jóvenes víctimas de un sistema fálico, pensado por el hombre y para el hombre. Solas, sin más apoyo que su complicidad.

432 extMungiu prescinde de todo estilismo que embellezca, su mirada es dura y fea, directa, un ejercicio de hiperrealismo neutro y transparente. No hay música que subraye, ni iluminación especial. Sus armas son unos planos fijos alargados hasta el límite de lo soportable y una cámara en mano nerviosa que persigue los pasos y obliga a entrar, siempre detrás, hasta olvidar  la pantalla.

432 miedoSin pistas que manipulen la visión, le interesa  mostrar, sin juzgar ni condicionar. Su silencio obliga a una reflexión que dé sentido y un posicionamiento moral personal, sí, a ejercer la inteligencia. No hay defensa ni crítica del aborto, se limita a crear -más que a recrear- el miedo, la persecución paranoica, la soledad, la vergüenza y la impotencia que supone encararse a la ilegalidad, a la prisión o a la muerte en el intento.

432 solaLa propuesta no será plato de gusto para quien busque un paréntesis de vida, un descanso mental en la ficción. Revuelve por dentro e incomoda, pero de ese barro crece una flor. La flor de la lucidez, de la comprensión y del valor de empatizar con el dolor ajeno, que es el nuestro.

Demasiado a menudo, aquí y ahora,  nuestros gobernantes se olvidan de la raíz etimólogica de la palabra “política”, adjetivo del griego “polis”, es decir “ciudad”, o “de los ciudadanos”. De todos.  Y promueven un debate sobre el aborto que la sociedad española mayoritariamente no pide. De espaldas, ajenos al Parlamento, con el dedo del poder forzando, dictadores disfrazados.

Mungiu nos recuerda en su presente la barbarie del totalitarismo y lo inhumano que es despojar a la mujer de la razón y la libertad, atributos que nos hacen persona, según Montesquieu. No olvidemos nuestros propios fantasmas.

 

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